CAPITULO 22
Entró por aquel edificio donde tenía que usar las escaleras
porque el elevador llevaba tres días descompuesto, aquello le molestaba porque tenía
que usar sus tacones para subir los cuatro pisos arriba. Pero ese día no, no
soportaba más porque todo había resultado extraño desde la hora del almuerzo,
desde que vio a Taemin de pronto todo le molestaba, su trabajo, sus conocidos…
Tal vez su novio. Se quitó las zapatillas y comenzó a caminar con las
bolsas en mano, había recibido un mensaje de que fuese ella quien llevara el
vino, al estar sobre el pasillo que le llevaría a la puerta de su casa pudo
escuchar ese sonido que le hizo rodar los ojos, un beat musical molesto para
ella pero fascinante para cualquier persona de su edad que disfrutaba bastante
de salir a bailar, a un bar a beber o solo cenar en un lugar de ambiente.
Tecleó la clave y abrió la puerta para entrar encontrándose con Hyungwon
poniendo la mesa y sí, moviendo la cabeza al ritmo de la música. El pelinegro
la miró con una sonrisa angelical, en verdad era muy guapo, pero Claudia solo
le miró con frialdad dejando todas las bolsas sobre el desayunador y yéndose
directo al baño para lavarse.
Era una rutina bastante extraña, pero a Hyungwon
no le molestaba, sabía bien que su chica estaba rara desde la tarde y le
causaba paz saber también que aquello no era su responsabilidad.
-Hola, todo huele delicioso. –apareció la joven poniéndose de puntillas para
besar una de las mejillas del chico alto.
-Por supuesto, si tienes al mejor cocinero aquí en casa. –contestó
Hyungwon orgulloso caminado hacía la pequeña cocina para ir por la botella de
vino.
-El mejor cocinero de pasta, dirás. –respondió Claudia con cierta
diversión, sintiéndose un poquito más relajada, tal vez era porque Hyungwon
entendió el mensaje y apagó su música cambiándola por su toca discos dejando escuchar
su favorita pieza de instrumental musical, eso era algo que apreciaba y la
hacía sentir encasa.
La cena sucedió de lo más
normal, donde Hyungwon no paró de hablar sobre su día y del por qué había
llegado tarde, era la tercera vez que explicaba que se quedó con sus amigos
motociclistas apoyando a uno de estos porque un policía quiso infraccionarlo injustamente.
Le habló del tráfico, le habló de sus ganas enormes de viajar a japón a un
festival de música electrónica, de la cual Hyungwon era absolutamente fan.
Claudia solo sonreía y asentía mirando la emoción de aquel chico pelinegro
olvidando por un rato su pasado, aquel que llegó de pronto con miles de
recuerdos que según ella ya había olvidado.
-¿Recuerdas cuando nos
conocimos? –interrumpió al chico que hablaba muy experto sobre el vino
que ambos probaban, la miró un poco sorprendido pero asintió.
-Claro, babe ¿Por qué no recordar el mejor día de mi vida? –deslizó
una de sus manos sobre la mesa para tomar la de su novia y acariciarla un poco
antes de entrelazar sus dedos.
*Flashback*
Una joven Claudia seguía al
señor de aquel bar que parecía darle instrucciones, habían pasado un par de
años desde su graduación de la universidad y se había dado cuenta que el mundo
no era tan lindo como lo habían pintado. El gremio musical te devoraba si no
tenías contactos, si no sabías moverte en él y la chica no pudo con ello, le
causo depresión sentirse tan vacía y sola, sin algún rumbo para tomar sin un
trabajo y perdiendo cualquier propósito en la vida. Por eso un día decidió
salir de su casa y tomar el primer trabajo que viera, no quería sentirse una
inútil, no quería estar durmiéndose a las cuatro de la mañana mientras creaba
piezas musicales que jamás verían la luz ya no más. Por eso en cuanto vio el
letrero del bar donde buscaban administrador supo que era su momento, con nula
experiencia y solo un papel que certificaba sus conocimientos musicales entró
al local y la contrataron… Pero como mesera. Fue un momento muy duro y triste
para ella, pero tenía que aceptar el reto, tenía que salir de casa y hacer algo
con su vida que poco a poco parecía desmoronarse.
Ahí estaba, escuchando
atenta a las instrucciones del señor Kim cuando entró por la puerta una figura
alta, el tipo esbelto con el cabello más desordenado que podía ver, llevaba un
casco en la mano y una mochila de repartidor en la espalda.
-Buenas tardes señor Kim. –el
joven apuesto saludó a lo lejos con una sonrisa y se colocó detrás de la barra
comenzando a acomodar sus cosas.
El dueño del lugar le pidió a Claudia que lo siguiese hacía la barra y le
introdujo al joven.
-Claudia, este es Hyungwon
nuestro barista estrella. –el anciano soltó una pequeña risa cuando el
joven le hizo una mueca donde pedía no ser tan adornado.
-Mucho gusto, que nombre tan curioso tienes. Espero que seamos buenos
compañeros.
Claudia se quedó en shock
por unos segundos sonrojándose cuando tomó la mano que le habían extendido y la
agitó con nerviosismo.
-Un gusto… –replicó
con timidez porque la presencia le intimidaba, a cambio Hyungwon la admiraba de
pies a cabeza de pronto sentía una fascinación por la chica frente a sus ojos.
Así fue como los meses
pasaron y Claudia se fue adaptando de poco al trabajo, Hyungwon se había
convertido en algo así como su maestro en aquello de la vida adulta, porque el chico
desde muy joven hacía cualquier tipo de trabajo posible en su tiempo libre desde
repartidor, mototaxista, cocinero, barista incluso algo que le causó mucha
gracia a Claudia fue enterarse que también se rentaba como novio y aquel
trabajo le resultaba mejor que los otros.
Fue el propio Hyungwon que un día llegó emocionado al bar y le contó a Claudia que
solicitaban a una persona con conocimientos sobre la historia de la música en
el museo. También fue él quien se confesó primero y ni siquiera tuvo que
insistir porque Claudia ya tenía sentimientos por él, los suficientes para
abandonar el nido de su hogar e irse a vivir a un pequeño apartamento con él.
*Fin flashback*
-¿El mejor día? –contestó
con una sonrisa burlona. -Creí que el mejor día fue cuando pudiste comprarte
esa motocicleta horrible que tienes.
-¿Por qué le dices así? ¡Es preciosa! –se quejó soltando la mano de la
chica solo para servirle a ambos un poco más de vino. -Bueno, pero como eso
paso primero es el mejor día, después fue la moto ¿Okay?
Claudia soltó una nueva risa,
bebió más vino y continuó disfrutando de aquella noche recordando por qué
Hyungwon se había convertido en su pareja fue ella la que limpió la cocina
porque el chico terminó dormido en la mesa a causa del cansancio. Hyungwon seguía
trabajando fuertemente todos los días, el pelinegro no tuvo las mismas
oportunidades que ella, apenas pudo terminar la escuela secundaria y no tenía
apoyo de sus padres, o más bien, él no quiso nada de ellos porque los padres de
Chae Hyungwon eran especiales, eran ricos sí, pero con ello se sentían con el
derecho de manejar su vida algo que el joven no permitió y por eso decidió arreglárselas
solo y ser un alma libre, como ella le llamaba , muy diferente a… Y ahí fue
cuando de nuevo la realidad golpeó su cabeza junto con el sonar de su teléfono celular
a esas horas de la noche la preocupó en demasía al ver que el remitente era su
madre.
...
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