viernes, 19 de julio de 2013

Querido Profesor: Capitulo 11




CAPITULO 11


El profesor Jinki entró al aula acompañado de un joven alto de casi dos metros, parecía un alumno más, era bien parecido al entrar al salón arrebato suspiros de la mayoría de las chicas ahí presentes y celos por parte de algunos.

-¿Y ese quién es? –preguntó un molesto Jong a Claudia.
-No lo sé –respondió la chica que se encontraba distraída con sus apuntes- ¿Tae? señor que sabe todo –hizo una seña al menor para que le resolviera la duda a su mayor.
-Es un chico nuevo, de intercambio, hace unas semanas llegó a la ciudad estudia música, bueno es obvio ¿no? estaba en la clase de Minho hyung –se sonrojo- y emmm… se había equivocado esa no era su clase correspondiente y ahora lo han mandado aquí que es donde debió iniciar.
-Woooow ¿Y tú como sabes tanto niño? –cuestiono su hyung.
-Solo… conozco a alguien.
-¿Minho?
-¡Nooo! –gritó avergonzado el pequeño.
-¿No qué Taemin? –dijo el profesor
-Disculpe hyung… ay no Onew, ay no Jinki ahhhh ¡PROFESOR LEE! –la clase de rio del pequeño espectáculo del hermanito del profesor.
-No hay problema –contesto su mayor con una de sus sonrisas que parecían dagas para el corazón de Claudia que solo bajo la cabeza y cerró los ojos- por favor guarden silencio comenzaremos la clase pero antes quiero presentarles a un alumno nuevo, él es –le hizo una seña para que el chico se presente.
-Hola… mi nombre es Wu YiFan, tengo veintitrés años y me gusta mucho la música –el chico tenía una voz profunda que Claudia al escucharla dejó de escribir y se tensó.
-¡¿Eres Chino?! –hablo Jonghyun.
-Sí… así es… -Claudia alzo la mirada percatándose del individio que se encontraba de pie ante la clase mientras lo observaba cruzo con la del chico alto.



Lo siguiente que hizo fue desviarla, miró a todos lados, el aula parecía estar encantada con el chico nuevo, todo le daba vueltas quería gritar pero ningún sonido salía de ella, solo podía escuchar la voz del joven que se encontraba de pie junto a Jinki. Después todo se torno oscuro.


Claudia abrió los ojos, y lo primero que vio fue a su profesor Lee Jinki junto a ella la tenía tomada de la mano, se encontraba recostada en lo que creía era la cama de la enfermería escolar. Jinki le sonrío, pero ella solo desvió su mirada, no quería verlo, no quería ni sentirlo así que aparto su mano de la del profesor.

-Últimamente… ¿cómo has estado? –cuestiono el mayor a la chica de mirada perdida.
-Últimamente… ¿A quién ha jodido? -respondió aun sin mirarle a los ojos.
-Claudia yo… -la chica se sentó en la cama y lo miro
-¿Qué? ¿Dirá que lo lamenta? o que no sabe aún, ya sé seguramente dirá que he confundido las cosas y que por favor siga con mi vida, le voy a ahorrar las palabras… Adiós Sr. Lee –el castaño la miraba anonadado.
-Claudia me he enterado que has estado deprimida, por algo y…
-No es por usted si es lo que pensaba, ¡Listo! siga con su vida sin ningún remordimiento de conciencia –dijo la chica con los ojos llorosos- en verdad se puede ir, no sé por qué… no sé que hace aquí, pero ya he despertado, váyase.

Jinki suspiro amargamente, dio la vuelta y abrió la puerta… al cerrarla se pudo escuchar un “que te mejores” entre los pasillos.



Una chica con los ojos hinchados caminaba por la acera parecía que hubiera llorado toda la noche, se veía tan triste. De pronto un auto se detuvo junto a ella haciendo que la chica también se detuviera, el conductor bajo la ventanilla y dijo:

-Yaah, tú, súbete

Era una voz demasiado profunda, la joven no alcanzaba a ver quién era el que conducía el lujoso auto.

-Nena… te llevo a casa
-No… no gracias.
-Mira es un camino peligroso y… te vi en la fiesta de los Lee yo también estuve ahí –dijo el tipo de la voz gruesa tratando de dar confianza.
-Emm… ¿Disculpe?
-¡Vamos!
-Estoy cerca no se preocupe.
-Joder niña, algo malo te podría pasar… yo te lo advertí.

Se abrió la puerta del auto. La chica se asustó y arrancó a correr pero su torpeza la hizo caerse y el tipo se le lanzó encima tapándole la boca…

Eran las 3:15am Claudia despertó agitada, al aparecer ya se volvía costumbre, despertar llorar amargamente hasta quedar de nuevo dormida. No podía más con aquello, no podía con las pesadillas no podía con el recuerdo, y ahora… no podía soportar estar en la escuela.

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